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La decisión de interrumpir un embarazo no es tarea fácil ni plato de buen gusto para ninguna mujer y, desgraciadamente aún en este país, en vez de facilitar este mal trago se criminaliza a las mujeres que, en la mayoría de los casos, se sienten obligadas por su situación personal a pasar por este duro trance.

Alegan algunos/as políticos/as y sanitarios/as que presumen de salvaguardar nuestra salud que el aborto inevitablemente implica el desencadenamiento de un trauma psicológico en la mujer. Pero la experiencia de los/as profesionales que trabajamos en contacto directo con las mujeres que toman esta decisión, nos muestra que las temidas secuelas negativas derivadas de la vivencia de una interrupción voluntaria del embarazo, se relacionan más con los conflictos ya existentes en la vida de esa persona. Cuando una mujer decide interrumpir su embarazo es porque la valoración que hace de su situación personal tiene un resultado negativo de importante peso emocional y es en este momento en el que se hace consciente de ello o se hace más evidente. Este es realmente el factor de riesgo que puede provocar la aparición -o aumento de la intensidad- de un estado de ánimo depresivo o un alto nivel de estrés.

También pueden conformar factores de riesgo para su estabilidad emocional la falta de apoyo y acompañamiento por parte de personas cercanas desde que se hace consciente de su embarazo no deseado, o desde el momento en el que se trunca su inicial deseo por el mismo. Así mismo, muchas mujeres lamentan la falta de información o “malinformación” y trato recibido cuando expresan su decisión de interrumpir el embarazo, momento en el que en muchas ocasiones se sienten juzgadas y acusadas. Hay que tener en cuenta que toda intervención médica provoca un cierto estado de estrés que puede acentuarse, sobre todo, por la falta de información o por creencias erróneas que generan miedos. Se hace imprescindible en estos casos un trato cercano, en el que se facilite una información clara y objetiva y que permita a la mujer ejercer su derecho de libre decisión.

Lo que indudablemente podemos afirmar que aumenta el riesgo de desarrollar un conflicto psicológico es la imposibilidad de decidir sobre nuestro propio cuerpo y vida en función de nuestras necesidades, características personales y situación psicosocial; cuando una persona se ve obligada a asumir una imposición, con la responsabilidad y cambios que conlleva a nivel personal (psicológico, familiar, de pareja, laboral, económico, etc) sin sentirse preparada para ello o sin los recursos y apoyos que considera necesarios.

Cada persona es única y lo recomendable en cada caso es una valoración personal para indagar y asegurar la voluntariedad y claridad de la toma de decisión, la no influencia de presiones externas, que la persona ha valorado todas las opciones existentes y que ha comprendido en qué consiste el proceso de la interrupción. Una vez realizada esta reflexión, si la mujer se reafirma en su decisión de interrumpir el embarazo, podrá llevarlo a cabo sin que ello suponga un riesgo para su salud psicológica.

La nueva ley que propone el actual gobierno anula la capacidad de decisión y la libertad, poniendo en riesgo la vida de muchas mujeres que aseguran acudirían a centros clandestinos envueltas en el anonimato e inmersas en un sentimiento de culpa que nadie merece.

Rocío Algarín
Psicóloga-Sexóloga